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No te vayas nunca

He caminado en círculos toda mi vida. He reído cuando la tristeza se apoderaba de mi ojos, cuando la felicidad era tan solo una utopía y yo sin poder soñar. He corrido, he huido y, a veces, solo a veces, me ha tentado la idea de regresar. Pero nunca tuve las fuerzas necesarias para hacerlo. Y un día, de buenas a primeras, apareces tú, me sonríes, y borras la tristeza como quien sopla las velas de una tarta con la ilusión de que se cumplan sus deseos. Apareces y me coges de la mano, te haces el interesante y después me pides el número de teléfono. Y de repente, no sé exactamente en qué punto, algo dentro de mí cambia, la felicidad es un estado de ánimo y ya no me resulta tan utópico. Me enseñas a sonreír con la mirada, me enseñas a relatibizarlo todo, me enseñas a correr en línea recta sin tener miedo a caer, sin escapar de las heridas. Estar a tu lado supone un aprendizaje constante, un adiós a la rutina, un continuo equilibrio, y yo adoro hacer malabares en tu espalda, soplarte las pestañas y contarte los lunares mientras duermes. Hace tiempo que dejé de huir. El mismo tiempo que entendí que no me hacía falta. Que a tu lado soy más valiente, que podría estar sin ti, pero no quiero. Que no me completas, me complementas, que es muy distintos. Porque haces magia, porque eres magia y porque no escondes ningún truco. Has elegido luchar a mi lado cualquier batalla. Has elegido coger mi mano ante cualquier adversidad. Y yo no voy a soltarla, no voy a soltarte nunca, y saltaré siempre, cualquier precipicio, si lo hacemos juntos.
Y no voy a prometerte nada. Prefiero ir construyéndonos día a día. Beso a beso. Caricia tras caricia. Prefiero quererte ahora y que dure para siempre, a prometerte un para siempre y no saber querernos a tiempo.
Porque apareciste en el momento justo en el que todas las piezas del puzle encajaron.
Y ojalá no te vayas nunca,
no nos vayamos nunca
y que luchemos siempre
por nosotros.

VECA

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