Tus planes se fueron al traste cuando la conociste. Ella tenía los ojos demasiado rojos de tantos vicios caros que se pagaba a base de escapadas nocturnas y de bar en bar. Ella supo volverte salvajemente loco a pesar de que nunca habías buscado un abismo con su firma. Ella consideraba que ni las estrellas estaban lo suficientemente lejos ni los sueños lo suficientemente altos como para no alcanzarlos jamás. Quien lo iba a decir, pero su amor platónico siempre fue Peter Pan y su lema: no crecer nunca. Sabes más que de sobra que te llevó por el mal camino, que tú también caíste en sus vicios y pagaste un precio demasiado alto. Y al final, ¿para qué? Si ella te dejó en la estacada tantas veces que ya perdiste la cuenta y sus labios siempre sabían a otras bocas y su piel a otro par de manos y así una y otra vez. Ella había visto más constelaciones de lunares que de estrellas. Y aun así acabó siendo todo en tu vida, campeón. Ella y su cigarrillo de después del polvo, de reconciliación o por pura necesidad. Terminaste hasta las trancas de sus tacones. De sus vestidos cortos. De sus pantalones rotos a mordiscos los sábados y de su mal humor los domingos de resaca. Terminaste borracho del antojo, que tenía en lo más bajo de su espalda, en forma de corazón. Y de cada una de sus sonrisas. Te creíste una por una las palabras que soltaba por la boca con pinta de promesas algo vacías y disfrazadas de para siempres. Hasta que los para siempres fueron tantos que perdieron toda la credibilidad. Para entonces tú ya te estabas echando a perder pero también estabas echando el resto porque no podías dar más de ti. Ella te pedía espacio que dedicaba a otras camas mientras a ti te taladraba su ausencia. Nadie te advirtió que esos ojitos verdes enrojecidos por tantas promesas baratas no sabían hacer otra cosa que daño y escondían un buen puñado de derrotas.
Ella es de esas que se ríe por tonterias pero nunca pilla un chiste fácil. De las que se ilusiona por cualquiera y no se enamora de ninguno. De esas que prefiere ir descalza por casa, despertarse tarde y desayunar metida en la cama. Es más de abrazos en enero que de besos por San Valentín. La verdad es que nunca le han gustado las fiestas destacadas en el calendario. Es más de regalar y sorprender a que la regalen decepciones. Es de coleccionar derrotas por doquier pero también cuenta con alguna que otra victoria. Es de saltar precipicios antes de estar a tres metros sobre el cielo, porque siempre ha preferido al macarra de turno que al príncipe azul. De Disney solo se llevo ese "hasta el infinito y más allá" y a Peter Pan. Nunca ha querido crecer y ahí sigue, como una cría, saltando y gritando por la calle. Con los labios rojos y los ojos a juego. Siendo feliz como ella sola sabe. Con su gente no necesariamente de toda la vida. Solo con los que han sobrevivido con los año...

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