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Aunque el frío no se va, lo que importa es el presente

Ella nunca tuvo el tiempo suficiente de mirar las cosas con un poco más de calma. Era un intento de terremoto en pleno éxtasis con tacones y vestidos cortos que quitaban el hipo. Nunca se preocupó por nadie, excepto por ella misma por eso la gente que solía llamar amigos no eran más que compañeros de borracheras que querían desgastarla más los labios que oirla hablar de sueños.
Jamás se planteó que ese modo de vida no era el correcto, pues mientras pudiera pagarse sus vicios caros no había nada de lo que preocuparse. En realidad ella se quedó enamorada de Peter Pan, de los para siempre y de los nunce te dejaré sola; hasta que Peter creció, los para siempre comenzaron a durar una semana y en las ocasiones más complicadas se encontró más sola que la una. Dejó de mostrar lo que ella entendía como debilidades a los demás, se pintaba sonrisas todos los lunes por la mañana antes de ir al instituto aunque por dentro tuviese unas ganas locas de llorar. Se sentía pequeña pero por fuera siempre quería dar esa imagen de que podía con todo. El mundo la tragaba de un bocado cuando menos lo esperaba y el resto creyendo que tenía ese mismo mundo en la palma de su mano...
Ella estaba rota y nadie tuvo el poder de arregarla ni curarla como merecía.


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