Tú solías estar tan feliz como yo, la diferencia era que mi felicidad dependía casi por completo de la tuya. Acabé cogiéndole el gusto a tus abismos, porque en ellos aprendí a volar. Mi cama se llenó de los te echo de menos que nunca me atreví a confesarte. Llegaste y arrasaste con todo y a mí que me gusta tanto complicarme la vida... Pero a fin de cuentas si no estás aquí no será porque no sabes donde encontrarme. Este es el enésimo motivo para olvidarte, pero una parte de mí se empeña en no retroceder y continuar con este suicidio sentimental. Por eso mientras pienso en no querer volver a saber nada más de ti, me destruye el hecho de no poder verte a todas horas. Tú solías jugar y yo acepté tus reglas sin medir las consecuencias de mis decisiones. Con lo fácil que sería todo si no nos empeñasemos en complicarnos la vida... Te doy la razón, a veces no sé lo que quiero, pero estoy segura de que sea lo que sea lo tienes tú. Joder, sería tan genial estar juntos ahora que no creerías lo feliz que podrías hacerme. Pero soy una cobarde y me puede el miedo a perderte más que el de quedarme con las ganas. Quiero arriesgarme por ti en la práctica lo que en la teoría hago, pero también es jodido asumir que si no estás quizás es porque no quieras. Descuida, yo tampoco me elegiría pero joder si tú lo hicieras... Y acabaré perdiéndote del todo, porque hay una gran parte de mí que prefiere autodestruirse a cuidarse. Sin embargo, lo arreglas todo a mi alrededor aunque sea sin darte cuenta, que le vamos a hacer.
Dijimos siempre, sin saber que hasta ciertas palabras caducan en los labios equivocados. Sin entender que la luz no siempre ilumina toda la oscuridad, y que todo, no se reducía a nosotros, aunque lo pareciera. Dijimos siempre, y te juro, que no dejé de creer en él ni un mísero segundo, incluso cuando recogíamos nuestros recuerdos en cajas y seguíamos hacia delante sin mirarnos atrás. Dijimos siempre. Y fue bonito mirar unos ojos que encendían una ciudad entera. Una sonrisa en la que ser feliz. Yo nunca supe encender farolas con un parpadeo pero tú hiciste que me enamorara de unas alas, de tu cazadora de cuero, hasta del humo de tu cigarro. Fue bonito mientras duró nuestro para siempre. Ahora te echo de menos y cierro los ojos y reflejó tu luz. Y siguen aleteando mariposas a mi alrededor con tu nombre. Y sigo jugando con mis alas. Y sigo prometiéndote un para siempre. Aunque ya no podamos estar juntos. Siempre serás tú. Y eso es suficiente. Aunque la vida nos haya hecho corre...

Un relato en el que muchísimas personas podrán verse reflejadas. Supongo que es el tipo de piedra en el que todo el mundo debería tropezar una vez en su vida. Aunque algunas personas se encariñan con la piedra.
ResponderEliminarLas complicaciones gratuitas nunca llevan a nada. Eso también hay que tenerlo grabado a fuego.
Me duele/molesta la frase "Descuida, yo tampoco me elegiría pero joder si tú lo hicieras...". Lo importante es que te elijas tú primero. Eso hará que se pregunte esa persona si también debería hacerlo.