Tú solías estar tan feliz como yo, la diferencia era que mi felicidad dependía casi por completo de la tuya. Acabé cogiéndole el gusto a tus abismos, porque en ellos aprendí a volar. Mi cama se llenó de los te echo de menos que nunca me atreví a confesarte. Llegaste y arrasaste con todo y a mí que me gusta tanto complicarme la vida... Pero a fin de cuentas si no estás aquí no será porque no sabes donde encontrarme. Este es el enésimo motivo para olvidarte, pero una parte de mí se empeña en no retroceder y continuar con este suicidio sentimental. Por eso mientras pienso en no querer volver a saber nada más de ti, me destruye el hecho de no poder verte a todas horas. Tú solías jugar y yo acepté tus reglas sin medir las consecuencias de mis decisiones. Con lo fácil que sería todo si no nos empeñasemos en complicarnos la vida... Te doy la razón, a veces no sé lo que quiero, pero estoy segura de que sea lo que sea lo tienes tú. Joder, sería tan genial estar juntos ahora que no creerías lo feliz que podrías hacerme. Pero soy una cobarde y me puede el miedo a perderte más que el de quedarme con las ganas. Quiero arriesgarme por ti en la práctica lo que en la teoría hago, pero también es jodido asumir que si no estás quizás es porque no quieras. Descuida, yo tampoco me elegiría pero joder si tú lo hicieras... Y acabaré perdiéndote del todo, porque hay una gran parte de mí que prefiere autodestruirse a cuidarse. Sin embargo, lo arreglas todo a mi alrededor aunque sea sin darte cuenta, que le vamos a hacer.
Ella es de esas que se ríe por tonterias pero nunca pilla un chiste fácil. De las que se ilusiona por cualquiera y no se enamora de ninguno. De esas que prefiere ir descalza por casa, despertarse tarde y desayunar metida en la cama. Es más de abrazos en enero que de besos por San Valentín. La verdad es que nunca le han gustado las fiestas destacadas en el calendario. Es más de regalar y sorprender a que la regalen decepciones. Es de coleccionar derrotas por doquier pero también cuenta con alguna que otra victoria. Es de saltar precipicios antes de estar a tres metros sobre el cielo, porque siempre ha preferido al macarra de turno que al príncipe azul. De Disney solo se llevo ese "hasta el infinito y más allá" y a Peter Pan. Nunca ha querido crecer y ahí sigue, como una cría, saltando y gritando por la calle. Con los labios rojos y los ojos a juego. Siendo feliz como ella sola sabe. Con su gente no necesariamente de toda la vida. Solo con los que han sobrevivido con los año...

Un relato en el que muchísimas personas podrán verse reflejadas. Supongo que es el tipo de piedra en el que todo el mundo debería tropezar una vez en su vida. Aunque algunas personas se encariñan con la piedra.
ResponderEliminarLas complicaciones gratuitas nunca llevan a nada. Eso también hay que tenerlo grabado a fuego.
Me duele/molesta la frase "Descuida, yo tampoco me elegiría pero joder si tú lo hicieras...". Lo importante es que te elijas tú primero. Eso hará que se pregunte esa persona si también debería hacerlo.