A veces echamos de menos lo que no va a volver, echamos de menos momentos que en alguna parte del camino nos marcaron de una forma u otra. Sin darnos cuenta de que no echamos de menos cosas materiales, solo momentos, lo que sentimos, por qué lo sentimos, echamos de menos la sensación, la magia, lo bonito, lo que no podemos repetir. Y a fin de cuentas, esa es la mejor parte. El no poder revivir una y otra vez el mismo instante que una vez fue especial lo hace perfecto; pues eso significa que si una vez alguien pudo hacernos felices, más gente podrá hacerlo. Y quizás no lo sepamos en ese instante. Quizás no reconozcamos la felicidad, ni el amor, ni la paz cuando la vivimos. Quizás para eso existen los recuerdos, para enseñarnos que la vida no frena nunca y que tenemos que estar siempre atentos, sin perder el tiempo, sin perder a los que tenemos al lado. Porque echar de menos no es más que un síntoma de que hemos vivido cada instante al máximo y un seguro de que seguiremos haciéndolo, pase lo que pase.
Dijimos siempre, sin saber que hasta ciertas palabras caducan en los labios equivocados. Sin entender que la luz no siempre ilumina toda la oscuridad, y que todo, no se reducía a nosotros, aunque lo pareciera. Dijimos siempre, y te juro, que no dejé de creer en él ni un mísero segundo, incluso cuando recogíamos nuestros recuerdos en cajas y seguíamos hacia delante sin mirarnos atrás. Dijimos siempre. Y fue bonito mirar unos ojos que encendían una ciudad entera. Una sonrisa en la que ser feliz. Yo nunca supe encender farolas con un parpadeo pero tú hiciste que me enamorara de unas alas, de tu cazadora de cuero, hasta del humo de tu cigarro. Fue bonito mientras duró nuestro para siempre. Ahora te echo de menos y cierro los ojos y reflejó tu luz. Y siguen aleteando mariposas a mi alrededor con tu nombre. Y sigo jugando con mis alas. Y sigo prometiéndote un para siempre. Aunque ya no podamos estar juntos. Siempre serás tú. Y eso es suficiente. Aunque la vida nos haya hecho corre...
Comentarios
Publicar un comentario