La vida es breve. El tiempo olvida por nosotros. El dolor enseña. Los fallos no serán nunca aciertos pero siempre estarán ahí. Un para siempre dura un rato. Todo tiene solución aunque no lo parezca a simple vista. El cielo está demasiado lejos, pero las estrellas son inalcanzables. Los límites están para superarlos. Las metas para romperlas. Las salidas de emergencia para cuando la puerta está atascada. La luz para cuando hay demasiada oscuridad. El alcohol para ahogar las penas. El deseo para consumirlo. El vicio para tenerlo. El dinero para gastarlo. El amor de tu vida para perderlo. Las caricias para regalarlas. Los besos para alquilarlos. Las puestas de sol para disfrutarse. El frío para dar calor. El calor para buscar más calor. La cama para dormir. El amor para hacerlo. Las farolas para apagarlas. Las cenizas para encenderlas. Las medias para romperlas. Los labios para morderlos. La música para soñar. La gloria y el fracaso es relativo. Así que no pienses, solo actúa. Impulsos. No dejes que nadie te marque las pautas de tu vida. Lanza los estereotipos baratos que esta sociedad a queridos estableceer como perfectos, porque lo que es perfecto para unos no es perfecto para otros. Todo se basa por el prisma con el que observes tu vida. No dejes que nadie diga que no puedes conseguir algo. Tira tu lista infinita de complejos que solo ves tú. Y empieza a valorar quién y cómo eres. Las derrotas mídelas en intentos. Las victorias con una copa de champán. Brinda con sonrisas. Y empieza a descubrir que puedes comerte el mundo.
Dijimos siempre, sin saber que hasta ciertas palabras caducan en los labios equivocados. Sin entender que la luz no siempre ilumina toda la oscuridad, y que todo, no se reducía a nosotros, aunque lo pareciera. Dijimos siempre, y te juro, que no dejé de creer en él ni un mísero segundo, incluso cuando recogíamos nuestros recuerdos en cajas y seguíamos hacia delante sin mirarnos atrás. Dijimos siempre. Y fue bonito mirar unos ojos que encendían una ciudad entera. Una sonrisa en la que ser feliz. Yo nunca supe encender farolas con un parpadeo pero tú hiciste que me enamorara de unas alas, de tu cazadora de cuero, hasta del humo de tu cigarro. Fue bonito mientras duró nuestro para siempre. Ahora te echo de menos y cierro los ojos y reflejó tu luz. Y siguen aleteando mariposas a mi alrededor con tu nombre. Y sigo jugando con mis alas. Y sigo prometiéndote un para siempre. Aunque ya no podamos estar juntos. Siempre serás tú. Y eso es suficiente. Aunque la vida nos haya hecho corre...

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