Por muy catorce de febrero que sea, mejor sola que mal acompañada. Pues tus besos ya no le saben absolutamente a nada, tal vez solo a decepciones, a muchas, en realidad. Ni tus sonrisas le traen de cabeza. Ni pierde el culo por tus ojos azules, ni por la galaxia de lunares de tu espalda, ni tus hoyuelos. Que todas esas canciones de amor regaladas en fechas importantes han perdido la fuerza y ahora las escucha porque sí, sin necesidad de recordarte en ninguna de ellas. Ya no echa de menos tus 'buenos días, pequeña' quizás porque los ha cambiado por miles de 'hasta siempre, princesa'. Ha metido los besos que le dejaste colgados del cuello en alguna esquina y para no perder las viejas costumbres sus labios siguen rojos y sus medias más mordidas que nunca. Continua de bar en bar, con su vestido corto, arrasando y acostándose cuando el sol ya lleva despierto un par de horas. Sigue siendo una cabeza loca que no ha encontrado al capullo perfecto para compartir sus ganas de comerse el mundo. Porque te dejó claro desde el momento uno que no quería un jodido príncipe que le llevase el desayuno a la cama ni que le regalase rosas cada aniversario. Simplemente quería a alguien que le hiciese reír incluso cuando estuviese enfadada, que le sacara a bailar bajo la lluvia o le prestase su sudadera. Y al final te diste cuenta de que no eras tú, ni ella era para ti, pero siempre serás esa garantía y ese vicio caro de sus manos.
Dijimos siempre, sin saber que hasta ciertas palabras caducan en los labios equivocados. Sin entender que la luz no siempre ilumina toda la oscuridad, y que todo, no se reducía a nosotros, aunque lo pareciera. Dijimos siempre, y te juro, que no dejé de creer en él ni un mísero segundo, incluso cuando recogíamos nuestros recuerdos en cajas y seguíamos hacia delante sin mirarnos atrás. Dijimos siempre. Y fue bonito mirar unos ojos que encendían una ciudad entera. Una sonrisa en la que ser feliz. Yo nunca supe encender farolas con un parpadeo pero tú hiciste que me enamorara de unas alas, de tu cazadora de cuero, hasta del humo de tu cigarro. Fue bonito mientras duró nuestro para siempre. Ahora te echo de menos y cierro los ojos y reflejó tu luz. Y siguen aleteando mariposas a mi alrededor con tu nombre. Y sigo jugando con mis alas. Y sigo prometiéndote un para siempre. Aunque ya no podamos estar juntos. Siempre serás tú. Y eso es suficiente. Aunque la vida nos haya hecho corre...

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